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Becas y subvenciones en Santiago. Estudios de tanatopraxia

Becas y subvenciones en Santiago. Estudios de tanatopraxia

La tanatopraxia son las acciones que se ejercen sobre un cuerpo sin vida para restaurarlo y reconstruirlo. Para ello se utilizan técnicas de higiene, de conservación y de estética. Etimológicamente, la tanatopraxia es, por un lado, “tanato-” que procede del griego “θάνατος” y significa muerte y, por otro, “-praxis” que es la práctica. Por tanto, la tanatopraxia es el conjunto de prácticas, relativas a la muerte, que se realizan sobre un cadáver para mejorar su estado visible y no visible. 

Esta práctica está vinculada a la ciencia llamada tanatología.  Esto es el conjunto de enseñanzas referentes a la muerte. De aquí procede mucha de la teoría utilizada en la tanatopraxia, pues aporta los conocimientos médicos relativos a los procesos físicos que se suceden en el cuerpo de un fallecido.  La tanatopraxia no es solo la adecuación estética de la cara y el cuerpo, pues, también, entra en juego el interior del cuerpo humano.  El especialista que lleva a cabo dichas prácticas recibe el nombre de tanatopractor. Hoy en día existen multitud de cursos de tanatoestética y tanatopraxia que te acreditan para ejercer dicha profesión.

El hombre y la muerte siempre han estado unidos, pues queramos o no todos tenemos que morir algún día.  A lo largo de la historia se ha probado que los pueblos antiguos tenían rituales fúnebres para conservar los cuerpos de sus coetáneos. El miedo a la muerte o más bien a lo desconocido provocaba un intento de retrasar el deterioro físico. Ya durante la prehistoria los hombres embadurnaban a los muertos con aceites esenciales y aromáticos con el fin de mejorar el estado del cuerpo inerte.

Estos ritos fueron cambiando a medida que evolucionaba el ser humano. Durante la época Neolítica se tiene constancia de intentos de higiene y conservación de los cuerpos. Ya sea bien por medios de ahumado o de extracción de los órganos  para retrasar la podredumbre.

Por ejemplo, los sumerios, que habitaban la baja Mesopotamia, mejoraron las técnicas de embalsamamiento y momificación. Ungían los cuerpos con aceites y perfumes y extraían las vísceras para, posteriormente, envolverlos. Esto tuvo mucha influencia en los siguientes ritos funerarios. Además de un intento de conservación era muy importante la estética del cadáver.

Otros pueblos intentaban momificar a sus muertos con diferentes prácticas. Por ejemplo, los persas los recubrían de cera para retrasar el estado de descomposición e intentar un buen inicio en la próxima vida. Otro ejemplo, sería el pueblo etíope pues intentaban este mismo proceso pero con otro material, la goma.

Queda patente, por tanto, que civilizaciones que nunca tuvieron conexión tenían las mismas ideas acerca de la muerte y el cuidado de los muertos. La tanatopraxia es una práctica antiquísima que se ha ido perfeccionando a lo largo de los siglos.

 

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